En la pared del fondo se realizaron dos grandes vitrinas exhibidoras con focos dirigidos que resaltan la belleza de los objetos. Destacan unos cocos con plata de los siglos XVIII y XIX, así como una colección de objetos de hueso realizados por los prisioneros de guerra en la época de Napoleón. En posición frontal con respecto a la chimenea y para disfrutar de la misma, se ha colocado una silla Birmana con brazos procedente del siglo XIX; junto a ella, otra silla realizada en pergamino pintado a mano con remates de bronce, diseño de Bugatti. Por más información visite Decoracion Habitaciones.
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También nos admiraban, ya algo más mayores, cuando las novelas y la poesía nos habían seducido, encontrarnos con librerías con grandes puertas de cristal, a veces emplomados o con alma de metal, que evitaban el polvo a libros encuadernados en piel con lomos delicadamente impresos y guardas decoradas con papeles de aguas, siempre diferentes. Las vitrinas seguirán estando en nuestros sueños y se recuperan ahora con las mismas posibilidades y sin aparente función, para guardar en su interior las preciosas vajillas decoradas, los muñecos que siempre nos miran tentadores o los libros y piezas de colección, recuerdo de toda una vida o de varias generaciones. Por más información visite Decoracion Interiores.
Si nuestras tías o abuelas, ese día disponían de tiempo y paciencia, nos abrían la caja mágica y transparente con unas llavecitas minúsculas, dejando ver y hasta tocar con el cuidado de su mirada vigilante, alguna de esas maravillas. El encanto y la suerte era ya todo un sueño, cuando la vitrina guardaba una colección de muñecas antiguas, de caras delicadamente pintadas y vestidos llenos de lazos y puntillas, acompañadas de bebés con cabecitas de biscuit. Los niños también tenían su sueño dorado en las colecciones de figurillas de soldadi-tos de plomo, ordenados como en un desfile, siempre marciales y sin más ánimo guerrero que mostrar sus uniformes de opereta.


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